Una maleta abierta encima de la cama, los niños peleando en el pasillo de la casa muy muy nerviosos. Suenan las señales horarias en la radio. Son las tres. Tu pareja aún no ha llegado, habíais quedado hace una hora para terminar de preparar las cosas que faltaban e intentar salir pronto antes de que se formara el atasco en la autopista. Conectan en la radio con la DGT, ya hay atasco en la autopista. Bienvenido, bienvenida, estas son tus vacaciones.

El verano representa ese periodo de merecido descanso tras tantos meses de duro trabajo. Tiempo para pasar con tu familia, lejos de la rutina de casa y tiempo para dedicar y compartir con tu pareja. Para recuperar esa “calidad” en la relación, posiblemente deteriorada por tantos meses de rutina y exigencia laboral y familiar. Pues bien, hasta ahí todo perfecto.
La realidad es que en multitud de ocasiones, todos esos planes, todo aquello que se esperaba o ansiaba de esos días de descanso veraniego no se llegan a corresponder con la realidad de lo que sucede finalmente. Y eso tiene sus consecuencias.

Varios estudios sociológicos y la confirmación estadística posterior, nos indican que tras el verano comienza  el periodo en que  más rupturas de pareja y solicitudes de divorcio se producen.

Las causas son muy variadas y particulares en cada caso, pero siempre suelen estar afectas antes del inicio de las vacaciones, alguna de las 3 áreas que cimentan una relación de pareja: el respeto, la confianza y la comunicación. Se busca muchas veces en el periodo vacacional arreglar problemas que se puedan venir arrastrando de tiempo atrás, pero el romper con las rutinas del año, tener la presión de ocuparse las 24 horas de los hijos y el tener presente a la pareja también esas 24 horas, lo que hacen es ahondar en la fractura y provocar en la pareja una crisis que muchas veces no se logra superar.

Pero estas rupturas no tienen lugar durante las vacaciones, parece haber una especie de código de respeto al periodo vacacional, así que la decisión se toma, pero se pospone hasta después de vacaciones para poder organizar la separación, sobre todo en lo concerniente a la logística de los hijos.

No es muy buena idea tomar ese tiempo de vacaciones como los días en los que intentar arreglar aquello que ya venía deteriorado de antes, porque eso solo puede conducir a una mayor frustración y sensación de fracaso. Es más recomendable empezar a cuidar esa relación o afrontar los problemas que existan en ella, antes de iniciar el periodo vacacional.

Procurad tener en la relación espacios personales al margen de la pareja para poder expandiros, hablar vosotros mismos y escuchar vuestras necesidades y anhelos interiores.

Igualmente encontrad espacios en los que comunicaros con vuestra pareja sin las distorsiones de los hijos. Porque antes de que llegaran ellos ya estabais vosotros, y os merecéis cuidado, escucha, respeto y disfrute mutuo.

Al tiempo que mejoráis la comunicación, tratad de comprender las necesidades de vuestra pareja y que esta entienda también las vuestras para a partir de ahí buscar puntos de acuerdo. No quiere decir que tengáis que “estar a una” en todo, pero sí que logréis mediante esa escucha y el respeto, negociar puntos en común dónde todos ganen algo y cedan algo.

Y finalmente en el caso de choque entre ambos, procurad que el tiempo que transcurra entre el “incidente” y la posterior conversación en la que habléis de ello, siempre desde el respeto, sea el menor posible.

Resumiendo, la pareja es respeto, confianza y comunicación. Cuidando eso, las crisis que llegarán podrán superarse, si hay fractura en alguna de ellas, la pareja peligrará.

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